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Yo doy, y tú tomas


La compensación entre dar y tomar


Este es el tercer orden del amor, desde el enfoque de la sistémica familiar según Bert Hellinger. Y significa que cuando tomamos algo de alguien, nos sentimos impulsados a devolver algo a cambio, entonces nos sentimos libres nuevamente. Esto tiene que ver con la gratitud como frecuencia emocional.


Cuando miramos el circuito del ego en el Diseño Humano, es este centro el que directamente se relaciona con este aspecto de nuestra naturaleza, en el sentido de que tiene consciencia del apoyo unos con otros para lograr algo más grande.


Quienes poseen activaciones en este circuito nacen con el imperativo de colaborar, cooperar con otros, desde sus distintas definiciones. En la frecuencia del miedo, en sobrevivencia, esto se maneja desde la creencia de que el más apto es el que sobrevive, desestimando al débil, o aprovechándose de él para surgir en la vida.


Cuando hablo de debilidad, me refiero a aquél que cede su poder persona a otro por creer que no puede por sí mismo, que es incapaz o que no merece algo mejor o más grande para si mismo. Es distinto a quien cede en un momento determinado su rol protagónico o de liderazgo por comprender que es lo que mejor funciona al todo, pero en clara consciencia de su propio poder y limitaciones.


Esta ley funciona tanto para las buenas acciones, como para las malas acciones, es decir todo debe ser compensado en el sistema para lograr el balance necesario para que siga fluyendo la energía. Cuando miramos esto podemos entonces comprender el porqué de tanta polaridad en el mundo, mientras no sean compensadas las malas acciones de los que nos han lastimado por acciones de menor impacto pero que generen balance, vamos profundizando en la distancia entre dos polos que finalmente se alejan tanto que cuesta mucho más volver a unir.


Por ejemplo, alguien lastimó a otro, ese otro por querer ser bueno, no toma acción, sino que permite y “perdona” el evento. Desde a mente se cree que es lo correcto, pero interiormente comienza un desbalance que hace que ese otro sienta que debe hacer algo, pero no debe, por creencias de cualquier tipo. Al final sucede que esta energía que requiere expresión, se vierte hacia dentro de si, iniciando un proceso de auto desvalorización y justificación del otro por una falsa bondad o comprensión, que es en realidad entrega de su poder personal. Ej. “El me agrede, pero yo sé que en el fondo es bueno y yo lo comprendo, voy a darle una oportunidad”


La otra salida es hacia afuera pero no hacia el sujeto que lastimó, sino hacia uno que es más débil, por ejemplo, un hijo. Entonces la información que contiene ese movimiento e distorsionada, el hijo no comprende el porqué de la agresión y también busca compensación.


Las claves genéticas del circuito del ego en Diseño Humano, están diseñadas para buscar el encuentro con el otro para juntos construir algo más grande, por ejemplo, una familia, un negocio, una sociedad, etc. Y cuando lo hace requiere de que la compensación sea armónica, “Yo doy, tu tomas” “Yo tomo, tu das” entre las partes hay acuerdos para que cada uno ocupe una tarea que beneficie a todos y que por eso que se hace haya una recompensa. De igual manera si se hace algo que hiere, lastima o daña a un miembro o a todo el sistema debe haber una compensación, una consecuencia.


En la religiosidad lo vemos como el castigo por haber actuado mal, en la sociedad lo vemos como la sanción que recibimos por haber faltado a la ley. El ser humano se ha encargado de buscar regular esta energía desde el premio o el castigo, pero no desde el amor, sino desde el miedo.


Cuando el amor actúa la compensación es esperada por el que ha faltado o ha herido, y se siente aliviado cuando el otro muestra que también puede lastimar, defenderse o expresar un desacuerdo. Es sano actuar lo que Hellinger llamó la dulce venganza o la venganza amoroso, que no es más que hacer algo que compense el daño, pero de una forma menos dañina, así se va minimizando el efecto desde la integridad de cada uno y el amor puede seguir fluyendo entre ellos.


De igual forma una acción que beneficia al todo hace que naturalmente sintamos la necesidad de agradecer y devolver la acción con un poquito más, esto nos lleva a una espiral ascendente de sano intercambio entre las partes.


Esto lo podemos ver en la familia, cuando cada uno está en su lugar, la familia coopera y todos logran, por ejemplo, una linda cena, un fin de semana en armonía, una salid al cine, etc. En la sociedad se muestra en empresas donde los empleados se sientes a gusto en sus roles y los empleadores reconocen esto con buen salario y beneficios. En una nación o ciudad cuando los gobernantes toman en cuenta a los ciudadanos y estos aportan sus talentos al servicio del todo. Todo fluye cuando esta compensación se da en orden.


Por supuesto que, desde el miedo, lo que hemos vivido es el abuso del poder del que tiene contra el que no tiene y cree que no puede tenerlo, a menos que actúe egoístamente y piense sólo en sí mismo, logrando quizás transformar esto, pero desde el dolor y la pérdida de su integridad y el respeto por parte de su entorno, el precio que se paga es alto para lograr sobrevivir desde el ego. Al final aquí está el corazón y el estómago como órganos y sistemas que procesan esta información y, ya vemos cual es una de las primeras causas de muerte en el planeta, infartos.


Hay una sola relación donde esta ley no opera en su totalidad, la relación entre padres e hijos, en este caso los padres dan la vida y el hijo no podría compensarla correctamente dando la suya, aunque inconscientemente desde la buena consciencia, muchas veces lo hace por implicaciones. La correcta compensación es hacer algo útil y de servicio con su vida, en el mejor de los casos pasar la vida en sus propios hijos y cuidar que esta sea sana y feliz, desde el respeto por la evolución que significa.


Si tienes activaciones en el circuito del ego cuida la forma en que controlas al otro desde lo que le das, una manera en que puedes notar como vas en esto es darte cuenta que pides a cambio, consciente o inconscientemente. ¿Pides lealtad, confianza, amor, respeto, gratitud, dinero, servicio, sexo, etc.? ¿De qué manera lo haces y qué das y de qué forma lo das como para que eso que esperas no tengas que pedirlo explícitamente?


Cuando fluye el amor no se exige, ni se demanda, pues naturalmente el sistema compensa. Y por otro lado, no tienes por qué hacerte el bueno o la buena y permitir el abuso para someterte a una relación insana.


Te invito a reflexionar sobre esto y, puedes dejarme comentarios para continuar conversando un poco más sobre las dinámicas entre dar y tomar en las relaciones.


Gracias por leerme, te deseo lo mejor, un abrazo de luz

Yuleika

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